Al igual que en el caso de la carne, el frío
ralentiza en gran medida la reproducción de los
microbios, pero no los destruye, de manera que al
sacarlos de la cámara estos microbios vuelven a su
actividad descomponiendo el pescado, y, en algunos
casos, provocando infecciones a los consumidores, tan
conocidas como la Salmonellosis y las infecciones
debidas a Proteus, Streptococcus y otras muchas.
La acción del OZONO en cámaras de refrigeración se
basa en su ya repetida acción microbicida que logra
eliminar gran cantidad de estos microbios, permitiendo
así que se conserven en mejores condiciones durante más
tiempo. Por otro lado, el OZONO mejora el aspecto
externo de las piezas, haciéndolas más agradables a la
vista.


